Cruz Laureada Colectiva

Tres Cruces Laureadas individuales

 
     
 
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23 de Julio de 1936. Una llamada telefónica.

Luis Moscardó según se recoge en "La epopeya del Alcazar de Toledo". Alberto Risco S.J. Relación histórica de los sucesos desde los comienzos del asedio hasta su liberación. 21 de Julio a 28 de Septiembre de 1.936. Imprenta Aldecoa, 13.695. Burgos 1.937

El día 23 de Julio, a las diez de la mañana, se recibió una llamada de teléfono en el Alcázar.

 

A la sazón, y desde el día 22, cansadas las autoridades republicanas de la ciudad de Toledo, de que los defensores del Alc��zar rechazaran una tras otra, todas las intimidaciones a la rendición, intervinieron la línea telefónica del alcázar.

 

Hasta ese momento, y de manera sorprendente, algunos de los jefes y oficiales cuyas familias vivían en Toledo, comunicaban con ellos en conversación telefónica normal.

Pero a partir del día 22 de julio, las llamadas desde el Alcázar a un teléfono cualquiera de Toledo se hicieron imposibles. Las milicias toledanas y las autoridades de Madrid, intervinieron la centralita de teléfonos de la ciudad, cortando la línea de teléfono con el Alcázar, para que este no pudiera hacer llamadas de teléfono, y solamente recibirlas de las autoridades republicanas y de las milicias de Toledo, que controlaban la centralita telefónica de la ciudad.

 

Así, se recibieron en el Alcázar varias llamadas importantes realizadas desde Madrid y desde Toledo.

 

Realizadas desde Madrid

  • El día 19 de julio llamó el jefe de Servicio del Ministerio de la Guerra para pedir al Coronel Moscardó que enviara inmediatamente a Madrid las municiones depositadas en la Fábrica de Armas.

  • El día 19 de julio, se recibe una llamada de Madrid en el Alcázar por la noche; una persona que “decía ser Sarabia”, seguramente el teniente coronel  Sarabia, futuro ministro de la Guerra.

Realizadas desde Toledo

  • El día 21 de julio, al final del día, del general Riquelme, jefe de las fuerzas sitiadoras, intimidando a la rendición.

  • El 22 de julio, telefoneó el gobernador civil de Toledo desde la Diputación Provincial de Toledo a la diez de la mañana, dando dos horas para la capitulación. Ese mismo día, también telefoneó a las nueve de la noche desde Toledo, el ministro de instrucción pública, Don Francisco Barnes. Ambas llamadas exigieron la rendición.

A ambos se les contesta con un rotundo no.

  • El día 23 de Julio, a las diez de la mañana, se recibió una llamada de teléfono en el Alcázar.

 Ese día 23 de julio, se recibió una llamada de teléfono realizada desde la Diputación Provincial de Toledo, por el abogado Cándido Cabello, que se identifica como jefe de las milicias de Toledo.

 

Luis es un joven estudiante, que está preparando su ingreso a la Escuela de Ayudantes de Obras Públicas.  

Luis es apresado el día 23 de julio, en el domicilio del Coronel Guadalupe a las siete de la mañana, donde se hallaba refugiado junto a su madre, por milicianos que seguramente esperaban hallar allí a un hijo del coronel Guadalupe, que ya formaba parte de la defensa del Alcázar, y es trasladado a la checa de la diputación provincial, por parte de algunos milicianos.

 

Luis, con 25 años de edad en el momento de su detención, es ya un preso político.

 

El abogado Cándido Cabello, cree haber encontrado el secreto de la rendición del Alcázar, y cree tener en Luis el mejor de los rehenes para quebrantar la voluntad del padre.

 

Testigos escucharon estremecidos las palabras del padre.

Testigos oyeron las del hijo.

 

Los tenientes coroneles Valencia y Tuero, el comandante Cirujano,..., se estremecen con la conversación.

Este último sale al patio imperial del Alcázar, y convocó a toda la población de la defensa. Con palabras ahogadas, cortadas por la emoción, relató la escena.

 

En el momento de la publicación de la replica de Don Manuel Aznar, “El Alcázar no se rinde”, al libro de D. Herbert L. Matthews “El yugo y las flechas��, vivían todavía varios testigos que escucharon la conversación, y que Aznar pone a disposición de Matthews para que este pudiera confirmar la veracidad de los hechos.

 

Testigos escucharon estremecidos las palabras del padre.

El General Don José Carvajal Arrieta, entonces director de la Escuela Central de Educación Física de Toledo, que fue la persona que levantó el auricular del teléfono que recibió la llamada, y lo pasó a Moscardó.

 

El Teniente Coronel Don Rafael Moreno Garrido, ayudante de Moscardó, el teniente Barber, jefe de transmisiones, el general Ángel Muñoz, José Luis Fernández Cela, telefonista del Alcázar,…

 

D. José Luis Fernández Cela, telefonista del Alcázar, que junto con Moscardó, fueron las dos únicas personas que pudieron escuchar completa la conversación en todas sus partes.

Telefonista del Alcazar, que escuchó la conversación. El Alcázar. Rafael Casas de la Vega. Teniente coronel de Caballería. Diplomado de Estado Mayor. G. Del Toro. Editor, Madrid.1976. ISBN : 84-312-0211-4Cuando empezó el jaleo no me perdía ni una conversación; cuando se estaba organizando la cosa llamaron al coronel. Llamaron muchas veces de Madrid. Moscardó, que tramaba lo que fuese, me dijo que no estaba para nadie.


La comunicación se cortó poco después de que llamaran al capitán Cadenas, pero lo cortaron de forma que nosotros no podíamos llamar, pero ellos a nosotros, sí; eso, estaba intervenido, intervinieron el teléfono.

Ellos hablaban cuando les daba la gana, como en el caso de la mujer del capitán Cadenas, que debía de tener mucha recomendación para que la dejaran llamar a su marido. [...]


Cuando llamó el rojo a Moscardó yo deje la clavija abierta; todos queríamos saber qué pasaba, qué iba a pasar.

Lo que el rojo le dijo a Moscardó está en la lápida y todo lo que dice en la lápida es cierto, menos que no le dijo a su hijo que gritase «viva España» sino «viva Cristo Rey».


Lo demás fue todo así: llamó el rojo -yo no sé quién era- a Moscardó.
Le dijo: «Bueno, Moscardó, es para decirte que si a los diez minutos no os rendís, matamos a tu hijo Luis».

Moscardó respondió que se ahorrase los diez minutos y que le matase. El rojo: «¿Es que no te lo crees?» Moscardó: «Sí, me lo creo, pero ahórrate los diez minutos». Después ya sabe usted, se puso el hijo.

 

Yo empecé a llorar y me entró un miedo terrible; yo sabía que de allí ya no íbamos a salir jamás.

Gaceta ilustrada num. 594, 25/2/1968

 

Cuando cogió el teléfono, que yo le entregué, todos los presentes quedamos mudos y absortos, pues presentíamos que algo muy grande iba a ocurrir; mudez, asombro y, sobre todo, admiración en los momentos posteriores a la conversación, ya que durante ella no hubo momento de titubeo por parte del general para entregar la vida de su hijo a cambio de seguir cumpliendo con su deber para con la Patria; ni su actitud gallarda ni el timbre de su voz cambiaron a pesar del enorme sufrimiento que esta conversación le produjo, quedando todos anonadados que no nos atrevíamos a mirarle a la cara ni a pronunciar palabra.

D. José Carvajal Arrieta, entonces capitán ayudante de Moscardó.

Hoja informativa de la Hermandad de Nuestra Señora Santa María del Alcázar

 

Testigos oyeron las del hijo.

 El comité revolucionario de Toledo, lo componían  durante las primeras semanas del asedio las siguientes personas que <trabajaba>> en Diputación Provincial de Toledo, donde convivía, con Don Florentino Gómez Flora, alias el claudito, y <<Capitán>> Rino, alias <<el lunares>>, camarero. Aurelio Pulido, , un dependiente de vinos llamado García Arroyo, y un pintor de apellido Urbán.

 

Testigos de la conversación de Luis, fueron :

  • El abogado Cándido Cabello, autoproclamado jefe de las milicias de Toledo, y tocado con la birreta del Cardenal Gomá.

  •  El gobernador D. José Vega López.

  •  Don Florentino Gómez Flora, alias el claudito. Entonces, chofer del Presidente de la Diputación Provincial de Toledo.

  •  D. Eduardo Palomo, vicepresidente marxista de la Diputación.

  •  Don Luis Bernardino García-Rojo, miliciano del grupo de Cándido Cabello. Perito mercantil.

  •  Don Francisco Sánchez Moraleda, portero de la Diputación Provincial de Toledo.

  •  Don Malaquías Martín Macho, del grupo de Cándido Cabello. Obrero sin especialización.

 

Junto a este grupo <<colaboraba>>, Antonio Rubio Recuero, alias el verdugo, que a 18 de julio cumplía condena por delitos de sangre, el granadino, y Cecilio Martín, que formaron en el pelotón que fusiló a Luis, como consta en las declaraciones prestadas por los interesados.

 

 

Declaraciones de D. Luis Bernardino García-Rojo

Luis Bernardino García-Rojo Merlo, natural de Valdepeñas, vecino de Toledo, calle de la Merced n° 17, mayor de edad, de profesión Perito Mercantil, recluso en ésta prisión provincial.

Juro por Dios y por mi honor decir la verdad y

Declaro: Que al día siguiente de entrar en ésta ciudad las milicias que mandaba el ex general Riquelme, llevaron detenido a la Diputación provincial donde se encontraba el que suscribe, a Don Luis Moscardó y Guzmán y a otro señor que no se quien era, sólo se que éste segundo señor habló con Malaquías Martín Macho y al poco tiempo salió en libertad.

Con motivo de encontrarme en mi oficina de víveres, Secretaría, presencie que Cándido Cabello hablaba por teléfono con el Alcázar, diciendo que si no se rendían en un plazo de diez minutos, fusilarían al hijo del Excmo. Sr. Moscardó.

Acto seguido vi que Don Luis habló con su padre y poco después sonó el teléfono, se puso Cabello y soltando con violencia el auricular y tras unas frases gruesas dijo, dirigiéndose a las milicias: «Ya que su padre lo quiere,
hacer con él lo que os de la gana».

Al ir a cogerlo el capitán Rino, «El Linares» y las milicias que iban con él se interpuso entre ellos y Don Luis, Malaquías Martín Macho diciendo que «no se debía cometer aquel atropello y que miraran que había prisioneros en el Alcázar que se podían tal vez canjear por el referido Don Luis».

Acto seguido nos pusimos al lado de Malaquías, Aurelio Pulido y el que suscribe y apoyando dichas manifestaciones se consiguió se marcharan las milicias e instalaron a Don Luis en Fiscalía, donde de acuerdo con el citado Malaquías, les atendieron con toda consideración, tanto a Don Luis como a Don José Polo Benito y Don Ricardo Sánchez, que llegaron después.

 

Declaración de D. Francisco Sánchez Moraleda a, recogidas por D. Luis Moreno Nieto

Recuerdo perfectamente -nos dice- que el teléfono estaba situado sobre una mesa, a la izquierda según se entra, en la misma estancia del torreón noroeste del palacio Provincial, donde ahora sigue el despacho del presidente de la corporación. Yo era entonces portero allí, y los rojos me habían destituido de empleo y sueldo, pero me obligaron a prestar servicio a pesar de ello.

-¿Quienes estaban en el despacho del presidente aquella mañana?
-No sé si me acordaré de todos; desde luego, el gobernador rojo José Vega López; Cándido Cabello, que se había colocado de sombrero la birreta del cardenal Gomá; Eduardo Palomo, vicepresidente marxista de la Diputación, que había venido de Santa Cruz de la Zarza; Florentino Gómez ��El Claudito»; Malaquías Martín Macho, un capitán de milicias a quien llamaban «El Rino»; un diputado que era visitador del Manicomio, cuyo nombre no recuerdo ya; también estaba otro miliciano, Luis Bernardino García, tumbado sobre un sofá, porque padecía un derrame en una pierna... Los despachos inmediatos habían sido habilitados como prisión; en uno de ellos estaba encarcelado Luis Moscardó; en otros, Polo Benito, sacerdotes, paisanos y las monjas del convento de San Clemente.

-¿Qué recuerda usted de la patética conversación?
-Por lo que oí del jefe de milicias y de Luis Moscardó, sus palabras fueron, efectivamente, las que han sido grabadas en la lápida que hay en el Alcázar; al coronel Moscardó no le oí, naturalmente.

-¿Que ocurrió inmediatamente después?
-Cuando el jefe rojo colgó, muy enfadado, el teléfono, increparon a Luis: «¿Que te ha dicho tu padre?», le decían.

-¿Y que respondió Luis?
-Le oí que contestaba: «Podéis matarme, pero mi padre no rendirá el Alcázar». Luego se lo llevaron y lo encerraron en uno de los despacho inmediatos de la Sección de Vías y Obras.ss .,,~

 

 

Declaraciones de Malaquías Martín Macho

Primeros párrafos de una carta dirigida al general Moscardó por el miliciano Malaquías Martín Macho, en los que se hace referencia a la estancia de Luis Moscardó como detenido en la Diputación Provincial de Toledo.

 

 

Cuando a su querido e infortunado hijo Don Luis lo llevaron trasladado desde la Diputación a la cárcel las fuerzas de Asalto, pidió despedirse de mi...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Evidentemente no se conserva grabación o transcripción exacta de las palabras que se cruzaron D. José Moscardó, Cándido Cabello y Luis Moscardó.

Gracias a las contribuciones que hicieron las personas que escucharon la conversación en ambos extremos, se pudo reconstruir la misma. Es de indicar que las discrepancias entre las distintas reconstrucciones son menores, y en ningún caso afecta al sentido de la misma.

 

Una reconstrucción revisada por D. José Moscardó, posteriormente, y que puede considerarse "oficial" es la que sigue :

 

Cándido Cabello, Jefe de Milicias : Son Vds. responsables de los crímenes y de todo lo que está ocurriendo en Toledo y le doy un plazo de diez minutos para que rinda el Alcázar y de no hacerlo, fusilaré a su hijo Luis que lo tengo aquí a mi lado.
D. José Moscardó : ¡Lo creo!
Jefe de Milicias : Y para que vea que es verdad, ahora se pone al aparato


Luis Moscardó: !Papá¡
D. José Moscardó : ¿Que hay, hijo mío?
Luis Moscardó : Nada, que dicen que me van a fusilar si el Alcázar no se rinde, pero no te preocupes por mí.
D. José Moscardó : Si es cierto encomienda tu alma a Dios, da un viva a España y serás un héroe que muere por ella. ¡Adiós hijo mío, un beso muy fuerte!
Luis Moscardó : ¡Adiós papá, un beso muy fuerte!


D. José Moscardó : Puede ahorrarse el plazo que me ha dado y fusilar a mi hijo, el Alcázar no se rendirá jamás.

Otra reconstrucción según las personas que la oyeron es la siguiente :

 

Cándido Cabello, Jefe de Milicias : Son Vds. responsables de las matanzas y crímenes que están ocurriendo. Le exijo que rinda el Alcázar en un plazo de 10 minutos, y de no hacerlo así fusilaré a su hijo Luis, que lo tengo aquí en mi poder.
D. José Moscardó : ¡Lo creo!
Jefe de Milicias : Para que vea que es verdad, ahora se pone su hijo al aparato


Luis Moscardó : !Papá¡
D. José Moscardó : ¿Que hay, hijo?
Luis Moscardó : Nada, que dicen que me van a fusilar si no rindes el Alcázar.
D. José Moscardó : Pues encomienda tu alma a Dios, da un grito de ¡Viva a España! y muere como un patriota.
Luis Moscardó : ¡Un beso muy fuerte, papá.
D. José Moscardó : Un beso muy fuerte, hijo mío.
                           
(Dirigiéndose al jefe de milicias) : Puede ahorrarse el plazo que me ha dado, puesto que el Alcázar no se rendirá jamás.

 

 


 

¿Y que fue de Luis?

 

El 23 de agosto de 1936, un grupo de milicianos, entre los que se contaba el grupo anterior, invadieron la cárcel.

Llevaban una lista de condenados a muerte, entre los que figuraban los dos hijos de Moscardó.

Pero cuando estaban a punto de salir a la calle, El Granadino, se acercó a la pareja de Luis y Carmelo Moscardó, y con una navaja cortó la cuerda que unía a los hermanos, y dijo aludiendo a Carmelo:

 

-          ¿Me dejáis que me quede con este chaval?.

 

Carmelo fue devuelto a su celda después de abrazarse con su hermano, y su puesto fue ocupado por Don José Polo Benito, Deán de la catedral de Toledo.

 

Se pusieron en marcha hacia la puerta del Cambrón y al poco se oyeron las descargas.

 

El cuerpo de Luis fue enterrado en una fosa común del cementerio de Toledo, pudiéndose proceder a la identificación del cadáver el 15 enero de 1941.

 

 

 

 

 

Moscardó camino de su nuevo puesto de mando: el hotel Castilla. Por esa calle, muy próxima al Alcázar,parece no haber pasado la guerra. Momentos antes ha sido informado de que dos de sus hijos, José y Luis, han sido fusilados mientras el resistía en el Alcázar.
Moscardó camino de su nuevo puesto de mando: el hotel Castilla.
Por esa calle, muy próxima al Alcázar, parece no haber pasado la guerra.
Momentos antes ha sido informado de que dos de sus hijos, José y Luis, han sido fusilados mientras el resistía en el Alcázar.

Al llegar a la mitad de la cuesta se me acercó un hombre desconocido y a quien luego nunca he querido conocer, me dio la enhorabuena por el triunfo del Alcázar y después, como gozándose en lo que pensaba decir, añadió :

 

- Al mismo tiempo le doy a usted el pésame por el fusilamiento de su hijo Luis, que tuvo lugar el día 23 de agosto.

 

Me quede como atontado al oírlo, porque, aunque eso fue lo que me dijo por teléfono el Jefe de las Milicias de Toledo, yo nunca creí que existiese tanta maldad en los hombres. No supe qué responder; creo que entre dientes dije, más para mí que para nadie :<<Pero, ¿por qué?. Él ¿que culpa tenía?...>>

 

-También - añadió - han fusilado a su hijo Pepe en Barcelona. El momento fue tan duro, tan cruel, que sentí mis piernas aflojarse como si no pudieran sostener... éste era el precio de mi gloria. Nunca podría sentir vanidad por algo que, siendo mío, habían pagado tan caro mis hijos.

Gómez Oliveros : General Moscardó, pp 217-218

 

 

 

La existencia de esta conversación, y sobre todo el contenido de la misma fue posteriormente negada por varios historiadores, periodistas y diletantes.

Para algunos, los hechos eran demasiados "buenos" para ser ciertos. Para algunos, incluso la coincidencia del Apellido de Dñª. María de Guzmán con D. Alonso Pérez de Guzmán (Guzmán el bueno), no era sino una burda propaganda nacionalista de un hecho ficticio.

Otros negaban la posibilidad de que Luis muriera en Toledo, cuando podía haber muerto en Madrid, en el asalto al cuartel de la montaña.

El miliciano Quintanilla cuenta haber visto una lista de los muertos en el cuartel de la montaña, y recordar que el nombre de Luis se hallaba en la lista.

Otros negaban la posibilidad de la conversación, al haber sido cortada la comunicación telefónica con el Alcázar por la republica. 

Recordemos que la línea telefónica estaba intervenida, no cortada, por las autoridades de la republica según ordenó el general Riquelme, en la central telefónica de Toledo. Así, estos podían llamar al Alcázar a su antojo, mientras que el Alcázar estaba incomunicado hacia el exterior.

Otros no niegan la existencia de la conversación, pero expresan que su contenido fue radicalmente diferente.

 

Varios de ellos, incluso defiende varias de estas hipótesis, contradictorias entre ellas, con tal de negar los hechos.

 

En este sentido, es de recomendar tres trabajos que estudian con detalle y profusión este tema, analizando en profundidad toda la documentación relativa a este hecho.

  • El Alcázar de Toledo. Final de una polémica, de D. Alfonso Bullón de Mendoza y D. Luis E. Togores, de Editorial Actas, ISBN 84-87863-56-6.

  • El Alcázar no se rinde, de D. Manuel Aznar opúsculo en contestación al trabajo de Herbert L. Matthews El yugo y las flechas. Ambos se pueden encontrar en una edición conjunta de Espasa Órbitas ISBN 84-670-2297-3.

  • Los libros En el asedio del Alcázar de Toledo ¿Fuí yo un rehén? ISBN 84-7378-044-2, En defensa de la verdad ISBN 84-609-1327-9, La leyenda negra del Alcázar de Toledo ISBN 84-7378-052-3, El asedio del Alcázar de Toledo ISBN 84-607-7898-3, los cuatros de D. Lorenzo Morata Rodríguez, defensor del Alcázar toledano.

Es de indicar, que en varios casos, este hecho fue negado por periodistas e historiadores internacionales, que sin embargo, una vez estudiaron simplemente los hechos y la documentación, así como entrevistaron al testigos de ambos bandos, confirmaron la veracidad de este hecho, aunque a día de hoy, detractores del hecho del armas del asedio del alcázar siguen citando sus tesis sin conocer, o conociéndolo, que sus fuentes rectificaron públicamente sus primeras conclusiones.

 

Así, adjuntamos las notas públicas de dos de estas figuras como fueron y son D. Herbert L. Matthews (10-1-1900 / 30-7-1977), corresponsal de guerra de The New York Times.

D. Herbert publicó un feroz ataque a la España nacionalista, negando la verosimilitud de los hechos.

 

Like  most people - perhaps nearly everybody in and out of Spain - I was content to accept the Franco version of the siege of Alcazar, despite gnawing doubts. It did seem a bit too god to be true, and it also simply did not fit the psychology of the Loyalist as I knew them- but I accepted it. I have since got the other side of the story from two of the leading figures among the Republicans who took part in the siege - Luis Quintanilla, the artist, and General José Asensio, both American citizens now. I also made some inquiries on my last trip to Spain.

[ ]

It is, perhaps, a shame to destroy a wonderful story like the Alcazar, but I firmly believe history is going to do so as surely as it did the myth of George Washington and the cherry tree.

 

The Yoke and the Arrows, Herbert Lionel Matthews, 1957

 

Sin embargo, una vez el corresponsal de guerra del The New York Times, realizó su propio estudio de la documentación, y no solamente se apoyó en la versión distorsionada que le había transmitido el diletante Quintanilla, y el general Asensio, se disculpó públicamente ante la familia Moscardó por su negaci��n del hecho de armas del asedio del Alcázar, y mientras proseguía con sus feroces ataques a la España nacional.

 

 

 

 The New York Times
Times Square, New York
20 de Septiembre de 1960

Mi querida señora de Moscarda:
Me dirijo a usted por sugerencia de unos amigos míos, quienes me han indicado que el pasaje de mi libro titulado El Yugo y las Flechas que se refiere al Alcázar les ha resultado doloroso a usted y a su familia. Siento mucho lo ocurrido y pido a usted y su familia que acepten mis más sinceras disculpas.
Estoy seguro de que usted se dará cuenta de que yo escribí lo que escribí en la versión original de buena fe. Creo también, que aquellos que me facilitaron la información que utilice actuaron de buena fe. Sin embargo, estoy convencido, después de haber leído las razones escritas por Manuel Aznar y discutido el asunto con otras personas que me merecen garantía, de que debo haber estado completamente equivocado.
Estoy preparando una edición revisada de mi libro que se publicará el próximo año, y puedo asegurarle que el cap��tulo del Alcázar no aparecerá en ella.
Si usted lo desea, no pongo objeción alguna a cualquier uso o publicidad que usted pueda hacer de esta carta.
Sinceramente suyo.
Firmado.
Herbert L. Matthews, Editor

 

 

 

 

 

Reconocemos la rectificación que honra al corresponsal de guerra del New York Times, y no se entiende que después de esto, siga siendo citado como uno de los principales negacionistas y detractores del hecho de armas del asedio del Alcázar.

Asimismo, recogemos en esta línea otra de las figuras que se citan como negadores del hecho de armas del Alcázar :  Hugh Thomas (Reino unido 1931)

A continuación presentamos su expresión pública, según se recoge en el periódico ABC de su edición de Sevilla, 30 de Junio de 1960 (pag 23 de 38)

 

 

 

El día 22 de marzo de 1958, este semanario publicó mi recensión del libro de Herbert Matthews "The Yoke and the Arrows", cuyo autor expresaba sus dudas acerca de la celebre historia del Alcázar de Toledo durante la guerra civil española: y en especial sostenía la imposibilidad de la comunicación telefónica entre el general Moscardó y su hijo. Yo acepté entonces las dudas de Matthews. Ahora, tras una completa investigación que incluye conversaciones con testigos presenciales, he llegado a la conclusión de que me equivoqué: y estoy convencido de que la conversación tuvo lugar. Quiero presentar mis mas excusas a los miembros supervivientes de la familia Moscardó, y sobre todo, a su viuda , doña María Moscardó.

Hugh Thomas.

 

 

 

 

 

Anualmente, la Hermandad de defensores del Alcázar rinde homenaje y recuerda a aquellos hombre y niños, fusilados el 23 de agosto de 1936.

 

 

 

 

 

 

 
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